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Evangelización
La Preciosa Sangre de Jesús fue derramada con la plena adhesión de María al pie de la cruz

    


San Gaspar del Búfalo es el apóstol de la Preciosísima Sangre: además del Crucifijo llevaba consigo un cuadro que representaba a la Reina de la Preciosísima Sangre...



San Gaspar del Búfalo es conocido como el gran y celoso apóstol de la Preciosa Sangre. Ordenado sacerdote en 1808, sólo dos años más tarde, el 13 de junio de 1810, fue primero exiliado y luego arrestado por negarse a jurar lealtad a Napoleón. El joven sacerdote había preferido compartir el destino del Papa Pío VII, capturado y deportado la noche entre el 5 y el 6 de julio de 1809, antes que traicionar a la Iglesia. San Gaspar permaneció en prisión durante cuatro años. 
  
El declive del arrogante poder de Bonaparte permitió que el Papa y quienes resistieron fuesen liberados. Pero el huracán napoleónico había legado una devastación religiosa y moral: el pecado, la impiedad, la indiferencia religiosa se había arraigado en todas partes. Había que arremangarse y salir a misionar de nuevo. 
  
En 1814, San Gaspar recibió del Papa Pío VII la tarea de dedicarse sobre todo a las misiones populares. Al año siguiente, se fundó la Congregación de los Misioneros de la Preciosísima Sangre: una sotana, una faja y un gran crucifijo colgado con una cadena alrededor de su cuello, tan grande que los Padres tuvieron y tienen que ponerlo en la faja. Aún más imponente, de tamaño natural, era el crucifijo que llevaba a los lugares donde fue llamado a predicar la misión. Quería que la gente mirara "al que traspasaron" (Zc 12:10), y que recurriera a esa Preciosa Sangre que nos redimió. Preciosa, precisamente: un adjetivo que indica no sólo el alto valor, sino también el Pretium, el precio pagado por ese rescate. 

  
Además del Crucifijo, San Gaspar también llevaba un cuadro que representaba a la Reina de la Preciosísima Sangre; parece que fue un regalo del propio Pío VII, cuando le pidió a San Gaspar que predicara las misiones en los Estados Pontificios. El cuadro, que se conserva, junto con el gran Crucifijo, en el Museo de San Gaspar en Albano Laziale (Italia), representa a la Santísima Virgen con el Niño en la mano derecha. 
  
San Vicente Pallotti, que estaba junto a la cama de San Gaspar, quien abrazó y propagó con entusiasmo la devoción a la Preciosa Sangre, durante el juicio canónico dio numerosos testimonios sobre la vida de su amigo. En cuanto a su devoción a la Virgen -según informa crónica de La Nuova Bussolla Quotidiana (LNBQ) - Pallotti explicó los motivos por los que San Gaspar estaba particularmente apegado a ese cuadro: "Es una imagen tan indicada que creo que se puede llamar tal expresión de la fe de la Sierva de Dios en María Santísima y en la infinita virtud de la Preciosísima Sangre de su divino Hijo Jesús, ya que se puede ver en el cuadro que la representa en un acto de amor que excita los corazones a la devoción. Digo que podéis ver la imagen de nuestra querida Madre María teniente a la derecha del Niño Jesús mostrando en un cáliz que tiene en la mano derecha que se conmueve con las oraciones de María para ofrecer su Preciosísima Sangre a su Eterno Padre para obtener la abundancia de las divinas misericordias en favor de nosotros miserables pecadores". 
 
"En esa imagen, entonces, San Gaspar contempla a Nuestra Señora no tanto en el acto de aceptar el destino de su Hijo, sino mientras ella lo exhorta a derramar Su Sangre para beneficio de toda la humanidad", destaca el portal de LNBQ. El cuadro de la Reina del Santísimo Sacramento abre así el significado que acompaña al sacrificio de la Virgen, bien entendido por San Gaspar y San Vicente PallottiLa Preciosísima Sangre del Hijo de Dios es la única que nos redime; sin embargo, esa Sangre fue derramada con la plena adhesión de la Madre, al pie de la Cruz. 
 
El 10 de agosto el Papa Pio IX proclamó que el primer domingo de julio fuese la fiesta de la Preciosa Sangre de Jesucristo. Más tarde, el Papa Pío X trasladó la celebración al 1 de julio. Sin embargo, luego del Concilio Vaticano II, la fiesta se eliminó del calendario, pero se estableció una Misa votiva en honor de la Preciosa Sangre que se puede celebrar en el mes de julio (como en la mayoría de los otros meses del año). 
 
Para mayor bien de todos, Dios ha permitido a lo largo de la historia los Milagros Eucarísticos, entre los cuales el de Lanciano hace honor a la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. 

 
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